lunes, 23 de julio de 2007

La historia de dos víctimas de las minas antipersona

Dos vecinos de la vereda Puerto Limón, en Planadas, sin quererlo fueron víctimas de minas antipersona. Ambos se encuentran en Neiva en el Hospital General. Mientras María Celina Valencia Bañol, da a luz a su a su sexto hijo en el Tolima, uno de sus niños, Carlos Humberto Valencia, por esas cosas del destino lucha por mantenerse con vida en el Hospital General de Neiva. Carlos Humberto, para estar en la Unidad de Cuidados Intensivos, UCI, del Hospital de Neiva sólo le bastaron dos cosas: practicar su libertad en las tierras de Puerto Limón en Planadas, Tolima, y hacerle caso a sus padres.

Y no era para menos, el martes pasado después de que el pequeño asistiera a clases en la vereda Altosano, donde cursaba el sexto grado de bachillerato, después de que jugara y corriera como era su costumbre en el colegio, se devolvió para su casa al medio día. Estando en ella su madre lo mandó a traer leña para el uso doméstico y él salió corriendo a buscarla, y en el camino no se encontró con lo recomendado por su madre sino con la mina antipersona que un grupo subversivo había puesto en el camino.

Su tío Luis Ernesto Valencia, que se encontraba en la casa escuchó la explosión y de inmediato se fue a ver que pasaba; lo primero que vio fue a su sobrino ensangrentado “yo lo primero que hice fue auxiliarlo, cogimos y lo ligamos para que no se vaciara en sangre. Lo que pensé fue que era una mina, pues escuché la explosión durísimo”. De esta manera lo llevaron rápidamente para Gaitania y luego para Planadas en donde lo remitieron para Neiva.

Carlos Humberto, allá en su vereda de Puerto Limón, además de cultivar café cultivaba sueños. Dice su abuela Celmira Bañol que es un excelente atleta y que el año pasado en Planadas quedó de segundo en las carreras de velocidad, que le gustaba el ciclismo, el fútbol, la mecánica y en fin que le gustaba vivir. Pero ahora, cuando lo recuerda su abuela, con la que ha vivido la mayor parte del tiempo porque sus padres son separados, a ella con cada lágrima se le va un suspiro y la esperanza envuelta en recuerdos que le dicen que se va a mejorar. “Yo realmente no sé que decir, esto es muy duro para mí”, dice ella y se queda callada esperando que alguien acomode las palabras que ella no puede decir.

Ni los médicos saben a ciencia cierta cuando va a salir del hospital, pues además de haber pérdido su pierna izquierda, perdió sus orejas, de la mano izquiera perdió parte de los dedos y ya es confirmada la pérdida de su ojo derecho. Ahora su madre suma otro de sus descendientes mientras que Carlos Humberto, desde el Hospital de Neiva, tal vez cuando despierte esperará ansioso conocer su nuevo hermano.
La desastrosa mina El martes pasado, la comunidad de Puerto Limón no amaneció tranquila, pues el día anterior el campesino César Julio Muñoz Calderón pisó una mina antipersona que desde entonces lo tiene entre la vida y la muerte en el Hospital General de Neiva. Muñoz Calderón, aquel día se había levantado a las 5:30 de la mañana como era su costumbre en su finca El Placer, había atendido a sus animales y muy temprano, después de haber desayunado, emprendió camino para la vereda vecina de Altosano, sin saber que en el camino que todos los días recorría lo iba a sorprender la violencia de una mina.
De acuerdo con su esposa, Dilcea González García, los primeros auxilios los recibió en la vereda La Leona y después lo llevaron desangrándose a la Jurisdicción de Gaitania, en Planadas en el sur del Tolima. Ya cuando reaccionó César Julio, en el Hospital General de Neiva, se dio cuenta que no contaba con su pierna derecha que tanto le servía para arreglar su cafetal y para recorrer su finca que el año pasado le mereció el Premio de Mejor Tasa de Café especial. Pero a esta tragedia, se sumó un politrauma severo y una peritonitis por las heridas que hicieron las esquirlas en su estómago. Además su pierna izquierda también salió afectada junto con otras partes de su cuerpo.

Leer historia completa en el Diario del Huila

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