domingo, 9 de septiembre de 2007

Guerra sin cuartel en las entrañas de las Farc


15.000 hombres de las Fuerzas Militares, integrados en la Fuerza de Tarea Omega, desarrollan una ofensiva sin tregua contra las principales estructuras armadas de las Farc en el oriente y el sur del país.

El pasado jueves 6 de septiembre, en una carta abierta a los gobiernos del mundo, supuestamente para contribuir a la paz de Colombia, las Farc pidieron el reconocimiento del estatus de beligerancia.

Una sorpresiva manifestación política que contrasta con el escenario militar de las últimas semanas, donde la guerrilla se repliega, producto de una persistente ofensiva de las Fuerzas Armadas en aquellos territorios que hasta hace pocos meses parecían inexpugnables.

Históricamente, la región comprendida entre el río Duda, la Serranía de La Macarena y el río Guayabero, entre los departamentos del Meta, Guaviare y Caquetá, había sido una reconocida área de retaguardia estratégica de las Farc. Es más, esta zona geográfica hizo parte del territorio desmilitarizado para los diálogos de paz en el gobierno Pastrana.

Hoy, por su intrincada y selvática superficie, se libran cruciales combates que determinarán el futuro del conflicto armado.Con una coordinada ofensiva de infantería del Ejército, unidades de la Fuerza Aérea, apoyo fluvial, respaldo de Policía y trabajo de inteligencia, el propio presidente Uribe y su ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, lideran la denominada Fuerza de Tarea Omega, componente militar del Plan Consolidación, que reúne a 15.000 uniformados, previamente entrenados y provistos de toda clase de armamento y apoyo logístico, a fin de concretar un objetivo específico: recuperar para el Estado este tradicional bastión de las Farc.

Se trata de la segunda fase del publicitado Plan Patriota, que originalmente tuvo como su centro de operaciones la base militar de Larandia, en el Caquetá; los batallones Cazadores y Tres Esquinas, en el mismo departamento, y el Batallón Joaquín París en San José del Guaviare; y hoy integra una red de brigadas móviles, batallones de apoyo y el grupo élite conocido como la Fuerza de Despliegue Rápido (Fudra), que penetran la resistencia y los corredores de despliegue de la guerrilla.

Una campaña militar que, en la última semana de julio, según las propias Fuerzas Militares, accedió al campamento del jefe de las milicias de las Farc Carlos Antonio Lozada, un curtido guerrillero con ascendente político en las Farc, al punto que ofició como negociador en los diálogos de paz con el gobierno Pastrana y en la actualidad es uno de los voceros designados por el Secretariado de la organización para la negociación del intercambio humanitario.

El pc de Lozada
En su ofensiva, los hombres de la Fudra encontraron un computador, al parecer del propio Lozada, con valiosa información sobre planes de guerra de las Farc y enlaces de apoyo en áreas rurales y urbanas, lo cual ha permitido concluir a las Fuerzas Armadas que, hasta el momento, además de haber neutralizado el centro de despliegue estratégico de las Farc hacia Cundinamarca y la capital de la República, han restado su movilidad en una región que dominaban a sus anchas.

Una alta fuente militar resumió así a El Espectador los objetivos alcanzados hasta el momento en la antigua zona de distensión: “Se ha logrado retrasarles a las Farc su plan estratégico por lo menos en 15 años.

De la ofensiva en que venían pasaron a la defensiva y su propósito de asediar a Bogotá hoy es muy remoto. Se les quitó su área de retaguardia estratégica en los llanos del Yarí y ya no tienen la misma libertad para moverse por los ríos Guaviare, Guayabero, Lozada y Duda”.

Esta misma semana, el Comando General de las Fuerzas Militares confirmó que la infiltración del campamento del jefe guerrillero Lozada, además de la acción conjunta de la Fudra y las brigadas móviles, fue posible gracias a información suministrada por campesinos de la región de La Macarena. “Las Farc se están quedando sin mandos medios que puedan reemplazar a los del Secretariado”, comentó el general Freddy Padilla de León al resaltar los avances de la Fuerza Omega.“Si le están llegando a Lozada, en un territorio como la inspección de La Julia, del municipio de Uribe (Meta), es porque el Ejército les está pisando los talones a mandos importantes de las Farc”, observó un analista del conflicto armado.

Un oficial de la Fudra, quien pidió la reserva de su identidad, agregó: “No sé si estemos llegando a los jefes, pero les puedo asegurar que estamos copando los corredores por donde siempre han movilizado armas, víveres, medicamentos y droga, y eso los tiene muy golpeados”.

Sin embargo, no hay triunfalismo, pues en las Fuerzas Militares hay claridad de que las Farc no están derrotadas y aún tienen capacidad para causar daños, especialmente en otras regiones del país donde no está concentrada la ofensiva castrense. Por documentos incautados a las Farc, los generales saben, por ejemplo, que la guerrilla hoy otorga máxima importancia a los explosivos y, además, conserva una fortaleza: conocen suficientes atajos por donde hacer la guerra o eludirla.Asimismo, por trabajos de inteligencia, las Fuerzas Armadas examinan el accionar de la guerrilla, frente por frente.

Por eso los altos mandos advierten a la tropa que debe tomar precauciones frente a los campos minados y que no puede bajar la guardia por la eventual reducción de los combates, pues esta circunstancia habitualmente obedece a que la guerrilla es fuerte en el manejo del terreno, prefiere operar en sus áreas de retaguardia y su arma esencial es la sorpresa.


De igual modo, después de las revelaciones de las últimas semanas, se han fortalecido las acciones para evitar la infiltración de la guerrilla a las Fuerzas Militares. Entre otros propósitos, se busca blindar la red de cooperantes para evitar que sea blanco de la subversión y extremar los cuidados sobre la información confidencial de las principales campañas militares. Se sabe que la guerrilla prioriza la penetración del Estado, y la forma de contrastarlo es la inteligencia.


Otros frentes Se maneja información clasificada, no sólo para impedir que las Farc accedan a mapas, rutas u operaciones militares, sino para afianzar el desplazamiento de sus fuerzas especiales.

Una evidencia de esta estrategia fue el exitoso desenlace de la Operación Sol Naciente que el pasado primero de septiembre, en la zona conocida como Buenos Aires, ubicada en el departamento del Guainía, permitió el desmantelamiento del campamento del jefe guerrillero Tomás Medina, conocido como El Negro Acacio.

Esta acción militar también fue desarrollada por la Fuerza de Tarea Omega, sin desatender su objetivo entre la serranía de La Macarena y los ríos Duda y Guayabero, pero desplazando tropas a través del río Guaviare, con el respaldo de helicópteros artillados y aviones supertucano y fantasma. En otras palabras, con el concurso del personal de la base de Apiay (Meta), una extensión militar del Plan Consolidación para contrarrestar los bloques Sur y Oriental de las Farc.Y obviamente, no puede faltar un capítulo especial en la estrategia de las Fuerzas Militares: neutralizar a la columna móvil Teófilo Forero, constituida por las Farc desde 1993 y reconocida como su fuerza élite.

De hecho, en la últimas semanas se lograron frustrar dos acciones de esta estructura: su intento de perpetrar un secuestro masivo de ciudadanos en Armenia (Quindío) y un plan para atentar contra un grupo de asesores militares de Estados Unidos en Melgar (Tolima).A la columna móvil Teófilo Forero se le viene haciendo un seguimiento especial en sus áreas de movilidad entre los departamentos del Huila, Tolima y Caquetá, presionando en sus corredores geográficos y zonas de retaguardia, y apelando a la red de cooperantes para establecer los desplazamientos de su principal jefe, Hernán Darío Velásquez Saldarriaga, más conocido como El Paisa y sus segundos Marly Capera, Franklin González, Edwin Aldana y Damián Ramírez.
Desde hace muchos años, las Fuerzas Militares tenían claro que, como alguna vez lo calificó el general (r) Manuel José Bonett, entre Meta, Caquetá y Guaviare habría de librarse “la madre de las batallas”. El fin del conflicto no está a la vuelta de la esquina y aún hay regiones donde la guerrilla es muy fuerte. Pero en un área estratégica de la Cordillera Oriental, en la misma región donde otrora se asentaron las denominadas “Repúblicas Independientes”, 15.000 hombres y mujeres recuperan un territorio donde las Farc dominaron.

En la misma zona

A finales de 1965, con la presencia de representantes de las regiones de Marquetalia (sur del Tolima), Riochiquito (Cauca), El Pato (Caquetá y Huila) y Guayabero (Meta), se constituyó el movimiento Bloque Sur, antesala de las Farc.

Un año después, en la región del río Duda (Meta), tuvo lugar la segunda conferencia, que constituyó y además le dio nombre al movimiento alzado en armas.Estas zonas geográficas, en su momento fueron conocidas como “Repúblicas Independientes” y resultaron ser epicentro de la ofensiva de las Fuerzas Armadas para contrarrestar el movimiento guerrillero. Sin embargo, siguieron siendo baluartes geográficos de las Farc y, de hecho, en las montañas de Uribe (Meta), el Secretariado constituyó su cuartel general.

Allí se firmaron los acuerdos de cese al fuego entre las Farc y el gobierno de Belisario Betancur. A la región acudieron muchas veces los consejeros de paz del gobierno Barco en busca de continuar los diálogos. En diciembre de 1990, durante el gobierno de César Gaviria, el Ejército atacó Casaverde y la región fue objeto de una ofensiva militar que no logró los objetivos planteados en la Casa de Nariño. Luego vino el gobierno Samper y se pusieron en marcha las operaciones Destructor 1 y Destructor 2, para sacar a las Farc de su retaguardia geográfica.

La reacción militar de la guerrilla, con incontables golpes al Ejército, demostró su poderío en la zona. Después vino el gobierno Pastrana y buena parte de la región se convirtió en zona desmilitarizada para adelantar diálogos de paz.A partir de 2002, con el apoyo de asesores norteamericanos, la región es epicentro, inicialmente del Plan Patriota y hoy del Plan Consolidación, a través de la denominada Fuerza de Tarea Conjunta Omega que, en desarrollo de la política de Seguridad Democrática del gobierno Uribe Vélez, pretende neutralizar de una vez por todas la posibilidad de la guerrilla de acceder a los centros de poder.
Una protesta en Balsillas

Mientras las Fuerzas Militares avanzan en su estrategia por recuperar los territorios donde históricamente las Farc tienen su zona de retaguardia, campesinos de Balsillas, una población ubicada en la región de El Pato, entre los departamentos de Huila y Caquetá y que se constituye en la puerta de entrada al bastión de la organización ilegal en los llanos del Yarí, denunciaron atropellos y sistemáticas violaciones a los derechos humanos por parte del ejército acantonado en la zona.
Según campesinos de la región, soldados que hacen parte de unidades adscritas a la Novena Brigada los han agredido verbal y físicamente en busca de información sobre la guerrilla de las Farc.

Las denuncias fueron respaldadas, el pasado jueves, por el defensor del Pueblo de Caquetá, Álvaro Castelblanco, quien dijo que en su despacho reposan varias quejas que dan cuenta de restricción de alimentos, cemento, combustible, ingreso de cilindros de gas, así como abusos a mujeres y hurtos, cometidos supuestamente por miembros del Ejército.
Estos mismos casos ya habían sido puestos en conocimiento de la Procuraduría y el Ministerio de Defensa, hace poco más de un mes, según indicó a El Espectador Germán Ríos, representante de la Asociación Municipal de Colonos de El Pato, quien señaló que a la fecha sus reclamos no han sido atendidos.

Otro líder comunal, Gerardino Otálora, dijo que “la gota que rebosó la copa” fue la masacre perpetrada por dos uniformados del Ejército el pasado 10 de junio, que segó la vida de seis personas, entre ellos un niño y la rectora del colegio Guillermo Ríos, ubicado a escasos metros de la base militar de Balsillas.
Fuente. El Espectador

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