domingo, 9 de septiembre de 2007

La verdad borrada

Tengo el mismo pensamiento que el autor de está columna de la revista Cambio, esperaron casi tres meses para que por fin se dignaran estos terroristas a entregar los cadáveres de estas personas que fueron asesinadas vilmente, presuntamente en un intercambio de disparos con un grupo no identificado.

Pues según lo que se ha logrado estableces es que fueron combates entre dos grupos de la misma Farc.

Espero que los investigadores logren encontrar las suficientes evidencias para condenar a estos terroristas, y que este crimen no quede impune.

EN UNA SELVA OSCURA en el sur, donde no ha dejado de llover en los últimos días, en una zona donde remover la tierra es difícil y donde el único medio de comunicación es un teléfono satelital, seis expertos del Comité Internacional de la Cruz Roja, CICR, acompañados por el ex ministro Álvaro Leyva, intentan desde el lunes recuperar los restos de los 11 ex diputados del Valle, asesinados en cautiverio el pasado 18 de junio.

Su misión termina cuando entreguen los cadáveres en Cali, pues allí los esperan varios expertos forenses internacionales, personal de la Fiscalía y de Medicina Legal, encargados de la segunda fase del proceso: identificarlos y determinar, en la medida de lo posible, cómo murieron.

No será una tarea fácil. A juicio de expertos forenses consultados por CAMBIO, la identificación será relativamente sencilla, pero determinar en qué circunstancias y cómo murieron las víctimas, es decir quién las mató, será casi imposible. Dicen "casi" porque no descartan que algunos disparos hayan dejado su huella en los huesos, algo que permitiría desentrañar algo de la verdad.

Por lo pronto, CAMBIO pudo establecer que las Farc pidieron a la comisión aplicar el Protocolo de Minnesota (1991), más conocido como Manual de las Naciones Unidas para la Prevención e Investigación Eficaces de las Ejecuciones Ilegales Arbitrarias y Sumarias. Al parecer se trata de una argucia de las Farc para distraer la atención y sembrar dudas en la opinión.

El Manual, una guía sobre cómo hacer una autopsia para determinar incluso si una persona muerta ha sido torturada -redactada en los años 80 y publicado en 1991 por un grupo de abogados y patólogos forenses-, supone el estudio por parte de los investigadores y el patólogo del lugar donde sucedieron los hechos o donde aparecieron los cadáveres; fotografiar los cuerpos tal como fueron encontrados; registrar el estado de los cadáveres -sobre todo la temperatura ambiental y rectal-; tomar muestras del humor vítreo; proteger las manos con bolsas de papel y otra serie de procedimientos.

En el caso de los ex diputados, sin embargo, el Protocolo parece imposible de seguir pues, para empezar, no sólo fue destruida la escena del crimen y manipulada la evidencia, sino que pasados más de dos meses de los hechos, el estado de descomposición de los cadáveres impedirá conocer con exactitud qué pasó. "La verdad ya se borró, hay mucha evidencia que se esfumó con el solo hecho de que hayan movido los cuerpos y alterada la escena", asegura Germán Antía, decano de la facultad de Ciencias Forenses del Tecnológico de Antioquia.

Según el investigador, lo que ocurrió con los 11 ex diputados sólo lo saben las Farc. La ciencia sólo podrá aportar una verdad a medias por más esfuerzos y recursos que tenga, pues se desconoce cuántas veces y bajo qué condiciones fueron movidos los cadáveres.

Por su parte, un experto de Medicina Legal sostiene que, a estas alturas, los investigadores forenses sólo pueden trabajar sobre la base de los restos óseos y aunque es posible que hayan quedado tejidos blandos susceptibles de investigar, es poco probable que puedan determinar la trayectoria de las balas. Lo que sí podrían detectar son los orificios de entrada y salida de los proyectiles, pero será un procedimiento difícil.

"Los cadáveres están en un estado de corificación, es decir, que la descomposición de los tejidos blandos está en un estado avanzado, y el cuerpo empieza a formar una capa de grasa -explica el experto-. A menos que se encuentre en la escena del crimen, si la bala quedó alojada en el tejido blando es posible que no se pueda recuperar porque el cuerpo la expulsó".

Hoy lo único cierto es que Juan Carlos Narváez, Francisco Javier Giraldo, Carlos Alberto Charry, Ramiro Echeverry, Alberto Quintero, Jairo Hoyos, Carlos Barragán López, Nacianceno Orozco, Edinson Pérez, Héctor Fabio Arizmendi y Rufino Varela están muertos. Sus familias pasaron por un calvario de cinco años, que fue el tiempo que estuvieron secuestrados, y ahora llevan dos meses y medio esperando a que las Farc devuelvan sus restos para poder enterrarlos y completar el duelo. "No sabemos qué ha sido peor, si esperar años para que nos los entreguen muertos y no saber quién es el responsable, o que nos hayan puesto en la penosa situación de tener que esperar también los cadáveres y saber que hay más secuestrados en las mismas", dice Ruby Echeverry, viuda de Nacianceno Orozco.

Mientras tanto, el Gobierno insiste en la responsabilidad de la guerrilla y la guerrilla en que fue "un grupo armado no identificado" el autor de la tragedia. El trabajo que les espera a los forenses es arduo y difícil. Nunca como ahora cobra vigencia la frase según la cual "en una guerra la primera sacrificada es la verdad".


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