El terrorismo de las farc recibe otro golpe de un ganadero
Secuestrado caminó siete días en la selva luego de fugarse de sus captores de las Farc
Se trata del agricultor Ricardo Correa Coronado quien permaneció desde el 23 de enero en un campamento del frente 45 de esa guerrilla en límites entre Arauca y Norte de Santander.
Correa tiene 30 años, es hijo de un finquero se gana la vida de jornalero, pero sus captores reclamaban 80 millones de pesos por su libertad.
Ese miércoles fue interceptado por los subversivos en área rural de Toledo (Norte de Santander) cuando regresaba de un potrero con una guadañadora con la que se había ganado un jornal.
El miércoles, cuando se recuperaba en una clínica de Cúcuta, recordó que repentinamente fue interceptado por seis hombres que vestían de camuflado y portaban fusiles, y que lo obligaron a que los acompañara.
"En el día nos la pasábamos caminando y en la noche nos acostábamos a dormir en el piso. Antes de acostarme me amarraban con un lazo de una mano a un árbol", recordó Correa.
El 30 de enero, los guerrilleros pararon en un sector conocido como Támara, en zona limítrofe con Arauca.
Esa noche, al secuestrado le dieron una carpa para que la tendiese en el piso y durmiera sobre ella. Para entonces, ya eran 40 los guerrilleros que lo mantenían secuestrado.
"Yo me la pasaba rogándole a Dios que me diera la posibilidad de escaparme y de que los guerrilleros no me pudieran alcanzar", recuerda el hombre que concluyó su travesía hacia Arauca.
Y sus ruegos no fueron en vano, porque hacia la media noche todos quedaron profundamente dormidos, momento que Correa aprovechó para quitarse el lazo y escapar.
De ahí en adelante su viaje a la libertad fue toda una odisea, pues los dos primeros días no pudo probar bocado y solamente podía tomar agua. "Caminaba un poco de día y otro poco de noche para no ser detectado por los guerrilleros", dice el hombre.
En su contra estaba la selva y los grandes ríos que por allí abundan. Al segundo día se rompió la cabeza, luego de colgarse de un bejuco para pasar un precipicio, con tan mala suerte que cuando llegó a tierra se golpeó con un peñasco en la corona: "Perdí mucha sangre y casi pierdo el conocimiento".
Pero la suerte le ayudo, pues después encontró árboles frutales (mandarina y naranja) así como cultivos de yuca, la cual desenterró con sus uñas para comerla cruda.
"No me quise acercar a ningún poblado ni a ninguna casa porque temía que me pudieran encontrar a los guerrilleros", dice Correa.
Su herida de la cabeza se infectó y se le inflamó la cara y empezó a padecer fiebre y escalofríos que amenazaban con tirarlo al piso.
"El martes, a las 10:30 a.m., llegué como pude al hospital de Gibraltar, ardiendo en fiebre y ya casi no veía".
Allí, en esa localidad nortesantandereana, los médicos atendieron de urgencia a Correa y tras escuchar su testimonio, informaron al Ejército que de inmediato desplegó un operativo para trasladarlo a Cúcuta, en donde se recupera.
Diario El Tiempo














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