Farc: de la lucha social al odio fratricida y al narcotráfico
Farc: de la lucha social al odio fratricida y al narcotráfico
Tras cuatro décadas de conflicto armado, atrás parecen haber quedado los principios y legitimidad del grupo insurgente más grande y antiguo del mundo, fundado por un puñado de campesinos que se levantó en armas enarbolando las banderas del comunismo y la equidad social.
Bogotá.- En 42 años de lucha armada, las rebeldes FARC cambiaron sus postulados de transformación social por un odio fratricida y una asociación pragmática con el narcotráfico que minó su prestigio y echó por la borda el respaldo popular a su causa.
Tras cuatro décadas de conflicto armado, atrás parecen haber quedado los principios y legitimidad del grupo insurgente más grande y antiguo del mundo, fundado por un puñado de campesinos que se levantó en armas enarbolando las banderas del comunismo y la equidad social.
Las insurgentes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) nacieron en mayo de 1966, durante las negociaciones de paz de las guerrillas campesinas cercanas al Partido Liberal con los gobiernos de la época.
Estas guerrillas liberales aparecieron desde la década de 1950, en medio de la agresión de los gobiernos conservadores de Mariano Ospina Pérez (1946-1950) y Laureano Gómez (1950-1953) en zonas rurales del sur y suroeste del país andino.
Los conflictos rurales estallaron a raíz de la muerte del caudillo liberal, Jorge Eliécer Gaitán, asesinado en una calle de Bogotá el 9 de abril de 1948, día en que se generó una enorme revuelta popular conocida como ‘el Bogotazo’.
Las llamadas guerrillas liberales se desmovilizaron en 1953 bajo el gobierno del general Gustavo Rojas, último dictador militar en la historia del país, pero poco después retomaron las armas al ser bombardeados diversos campamentos en territorios del sur.
En esa fase, las guerrillas liberales, de las que formaba parte un joven campesino llamado Pedro Antonio Marín, quien con el alias de ‘Manuel Marulanda’ pasó a liderar las FARC, fueron permeadas en diversas zonas por ideologías comunistas. ‘Las FARC nacen ligadas íntimamente al Partido Comunista’, explicó a Notimex el sociólogo e historiador Eduardo Pizarro Leongómez, autor del libro ‘Las FARC: de la autodefensa a la combinación de todas las formas de lucha’.
El también académico universitario y miembro de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación indicó que el motor de la ideología del grupo insurgente fue el conflicto agrario en el país sudamericano, que a la vuelta de 42 años aún se mantiene.
Las FARC aparecieron en un momento histórico en el que el triunfo de la revolución cubana y el mítico Ernesto ‘Che’ Guevara habían logrado dejar una huella en América Latina, a la vez que la lucha por la tierra era una necesidad sentida en gran parte de la población.
Hacia los años 80, el grupo rebelde comienza a transformarse con el ingreso a sus filas de sectores urbanos universitarios, como es el origen de Guillermo Sáez, conocido como ‘Alfonso Cano’, considerado actual ideólogo de las FARC.
Ese nuevo impulso, unido a la adopción de la política de la combinación de las formas de lucha, en la que se tenía un frente militar y uno político, además de la utilización de mecanismos de financiación como el secuestro, permitió el crecimiento del grupo.
A mediados de la década de 1990, de esta forma, las FARC contaban con 60 frentes y unos 20 mil integrantes en sus filas, según estimativos oficiales, convirtiéndose en el más fuerte aparato militar izquierdista del continente.
Para Pizarro Leongómez, la combinación de las formas de lucha y el crecimiento desmedido terminó desdibujando la propuesta inicial, dado que el aparato militar condenó a una ‘deprimente marginalidad’ al frente político.
Un grupo armado más numeroso requiere de mayores fuentes de financiación, lo que llevó a las FARC a inmiscuirse en el negocio del narcotráfico, acotó el también columnista del influyente diario colombiano El Tiempo.
Según estudios de inteligencia, en la década de 1990 las FARC cobraban por permitir el negocio, pero luego pasó a controlar los cultivos y la producción, comerció con alcaloides para conseguir armas y actualmente son un cártel que controla y distribuye la droga.
De hecho, toda la cúpula de la organización insurgente tiene procesos pendientes por narcotráfico en diversos tribunales del país y del extranjero, como en Estados Unidos.
En la medida en que se dio esta ‘lumpenización’ de la lucha armada en las FARC, añadió Pizarro Leongómez, se abrió la posibilidad de concretar un acuerdo de paz con el gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002), quien estableció una mesa de conversaciones.
Como resultado de los diálogos con los jefes rebeldes, la administración de Pastrana otorgó a las FARC una zona desmilitarizada de 42 mil kilómetros cuadrados en el sur del país, en la que durante tres años (1999-2002) funcionó una mesa de negociaciones de paz.
Las pláticas, sin embargo, nunca prosperaron y las FARC utilizaron la zona de encuentro para fortalecer su aparato militar y aumentar el fenómeno del secuestro extorsivo y político.
Esta situación llevó al gobierno de Pastrana a romper el diálogo de paz el 20 de febrero de 2002, luego que el grupo ilegal secuestrara un avión, y de inmediato se ordenó al Ejército retomar el control de la región de San Vicente del Caguán, en el sur del país.
En medio de esa enorme frustración nacional por el fracaso del proceso, apareció el candidato presidencial Alvaro Uribe con un discurso confrontacional contra las FARC, a las que prometió derrotar militarmente antes de sentarse a negociar la paz.
Uribe Vélez fue elegido presidente en 2002 y desde entonces la presión contra las FARC ha sido constante en el terreno militar, político y mediático, al punto en que son catalogadas como un grupo terrorista por los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea.
Entre tanto, las FARC se replegaron en todo el territorio nacional y decidieron utilizar como ‘jugada política’ la exigencia de un intercambio humanitario entre un grupo de plagiados que tienen en su poder por guerrilleros presos.
Entre los secuestrados está la ex candidata presidencial colombiana, Ingrid Betancourt, tres agentes estadunidenses, militares, ex congresistas y policías, cuyas condiciones de vida son miserables, según muestran videos enviados por las FARC como pruebas de vida.
De esta forma, el cansancio por el conflicto, las constantes confrontaciones armadas, la crítica situación de los secuestrados y el poco discurso político de las FARC provocaron un enorme resquebrajamiento de la imagen pública del grupo rebelde.
La prueba más fuerte de su desprestigio fueron las marchas de cientos de miles de personas el pasado 4 de febrero con el lema ‘No más FARC’ y ‘Liberen a los secuestrados’, que se vieron en 140.
Tomado de Milenio.com














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